Hay una etapa muy real cuando partes tu depa: la del “todavía no tengo…”. Todavía no tengo sofá, todavía no llega la mesa, todavía no tengo repisas, todavía no hay cuadros, ni alfombra, ni el mueble que pedí hace tres semanas.
Y mientras tanto… ¿cómo se vive?
Spoiler: se puede vivir bien, aunque esté todo a medio armar.
Y más aún: no necesitas tenerlo todo para que tu espacio se sienta tuyo.
La presión del “departamento perfecto”
En mi primer depa, el living comedor tenía un tarro enorme de metal de la antigua fábrica de mi tata, que usaba como mesita y un adoquinaos que saqué del pasaje Galvez en Valparaíso. Fin. Más adelante, viví en otro departamento en el centro. Como mesa de centro, tenía un tapper naranjo de esos grandes para guardar cosas en bodegas y mi librero era un refrigerador viejo que encontré en la calle. Fin. A nadie le importa realmente y el espacio es tuyo, es tu proceso ¿Qué te recomiendo? Que lo tomes con calma y ¡Que disfrutes esta etapa!
Las redes sociales están llenas de imágenes de casas listas, ordenadas, llenas de detalles, con lámparas colgantes, mesas de centro soñadas y cojines que combinan hasta con el gato. Pero esa no es la realidad para la mayoría de quienes recién se están instalando.
La verdad es que la mayoría partimos con un colchón en el suelo y una taza prestada. Y está bien. Mis primeras tazas las regalaban en una actividad de gobierno. ¡Al menos eran todas del mismo color! Pero mira bien tu calendario de actividades, de pronto regalan tazas y vasos ahí también.

¿Cómo se vive en obra sin frustrarse?
Te dejo algunas ideas que a mí me han servido:
🪟 1. Crea rincones habitables
Aunque no tengas todo el mobiliario, elige un lugar que se sienta completo, aunque sea pequeño. Puede ser una esquina con una lámpara bonita, un cojín y una planta. Un rincón donde te sientas bien. Eso ayuda muchísimo a la cabeza.
📦 2. Prioriza lo funcional (aunque no sea definitivo)
Usa una caja como velador, una mesa plegable como comedor, sillas prestadas. No necesitas el mueble ideal desde el día uno. A veces lo “provisorio” puede acompañarte por meses y no pasa nada. Hasta les tomas cariño con el paso de los meses.
🌱 3. Agrega vida: plantas, libros, textiles
Una planta (aunque sea chiquita), un par de libros, una manta, una lámpara cálida. Detalles que no cuestan tanto pero hacen que el espacio se sienta acogedor, aunque estés a medio camino.
🛠️ 4. No compres todo de golpe: anda conociendo tu espacio
A medida que vives el lugar, vas entendiendo tus rutinas: dónde necesitas luz, qué tanto usas el comedor, si realmente te sientas en el living o si te tiras en la cama con el notebook. Ahí recién sabrás qué muebles necesitas de verdad.
😅 5. No expliques ni te excuses
Tu casa está en construcción y no tienes que dar explicaciones. Si llega alguien, recibe con cariño, no con disculpas. No digas “ay, todavía no tengo esto” o “es que está todo a medio hacer”.
¡Tu espacio es tuyo, y está bien como está! Cuando vivía en ese departamento con el adoquín, yo invitaba a «picnics» en mi living. Ponía una manta, tiraba cojines y a pedir pizza, porque ni servicios tenía. Asegúrate de sacar fotos, porque en unos años más te vas a reír y recordar esos días con cariño.
La belleza del proceso
Tu casa también es el proceso de convertir un espacio vacío en un lugar con alma. Y eso toma tiempo.
No hay apuro. No estás atrasada. Estás en camino.
¿No sabes por dónde empezar?
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¿Quieres empezar por una lista funcional que te permita habitar sin estrés?
Escríbenos. Lo armamos contigo, a tu ritmo y según tu realidad.
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